Maternidad Digital

Por Las Mommy Bloggers
Grace Navarro, Ana Gaby Almada , Cecilia Torres, Irene García

Impartirá la sesión:
Maternidad Digital
16:10 – 16:30 hrs.

¿Te sientes sola y crees que eres la única mamá pasando por ésto?

Maternidad digital: apoyando a otras mamás desde las redes”
Compartimos la experiencia de ser mamá con otras mujeres en la era digital ¿cómo educar y guiar al mismo tiempo que disfrutamos nuestra maternidad?

La importancia de sentirnos apoyadas y no juzgadas por las decisiones que tomemos como mamás. Cada mamá es diferente y a cada bebé le funcionan cosas diferentes. Pero no hay que olvidar que NO HAY MEJOR MAMÁ PARA TU BEBÉ QUE TÚ.

#LasMommybloggers son mamás como tú haciendo comunidad a través de las redes para acompañarte en cada etapa de la maternidad.

Sabemos que educar a nuestros hijos es todo un reto, por eso Mother´s Day es un evento en donde más de 35 especialistas te darán las herramientas para que formules una estrategia efectiva para educar a tus hijos y que ellos crezcan sanos, responsables y felices.

Mother´s Day se llevará a cabo el Sábado 4 de Mayo de 2019 en el Hotel Westin Santa Fé de la ciudad de México de 9:00 a 18:30 horas.
Están invitados papás, mamás, abuelitos, maestros y todos aquellos interesados en su bienestar personal y en aprender las herramientas más actuales sobre paternidad consciente.
Compra aquí tus boletos, el cupo es limitado.

¡INSCRÍBETE!

QUIERO MI BOLETO

Sin límites no hay amor

Por Pilar Ruíz y Lorena Martínez

“No se trata de amar mucho, se trata de amar bien” – Arnaud Desjardins

En esta conferencia vamos a explorar esos elementos que nos hacen poder calcular los límites apropiados para impulsar el desarrollo de nuestros hijos y vamos a ver la forma de usarlos para generar un ambiente de respeto de nosotros a nuestros niños y de nuestros niños a nosotros.

Profundizaremos en la importancia de
1.- conectar antes de dirigir.
2.- enseñarles a los niños las leyes de la vida en que cada acción tiene una una reacción. Las consecuencias como parte de la vida.
3.- manejar la frustración de nuestros hijos cuando los limitamos o les negamos algo que quieren.
4.- manejar nuestra propia frustración y ansiedad cuando tenemos que sostener un límite
5.- hacer acuerdos y desarrollar las buenas intenciones de los niños.

Poner límites a nuestros hijos no es fácil, a veces debemos de afrontar su enojo y sus protestas, pero siempre necesitamos dimensionar.

Un gran maestro nos dijo que “el amor es un cálculo, y necesitamos calcular qué es lo que el otro necesita para crecer y para desarrollar lo mejor de sí mismo”.

Hacer ese cálculo no es fácil, necesitamos poner diferentes elementos en la ecuación porque no existen dos niños iguales, porque cada uno de nuestros hijos es diferente y necesita diferentes estímulos para crecer.

Si se trata de amar mucho a nuestros hijos, pero sobre todo de amarlos bien; que se sientan vistos y escuchados y que también nos puedan ver y escuchar. Una educación en la que los diálogos y la comprensión crecen cada día y el ejercicio de poner límites se convierte en una gran herramienta que nos ayuda en este proceso de crecimiento mutuo.

Amar es enseñar, es guiar y ayudar al otro a manifestar lo mejor de sí mismo. Tomemos esta oportunidad para fortalecer la relación con nuestros hijos y generar una conexión de amor y respeto mutuo.

Sabemos que educar a nuestros hijos es todo un reto, por eso Mother´s Day es un evento en donde más de 35 especialistas te darán las herramientas para que formules una estrategia efectiva para educar a tus hijos y que ellos crezcan sanos, responsables y felices.

Mother´s Day se llevará a cabo el Sábado 4 de Mayo de 2019 en el Hotel Westin Santa Fé de la ciudad de México de 9:00 a 18:30 horas.
Están invitados papás, mamás, abuelitos, maestros y todos aquellos interesados en su bienestar personal y en aprender las herramientas más actuales sobre paternidad consciente.
Compra aquí tus boletos, el cupo es limitado.

¡INSCRÍBETE!

COMPRA AQUÍ

Detrás de cada mamá feliz, hay una estrategia de maternidad.

Por Ana Paola Villegas – Mamá Gallina

¿Por qué la maternidad también debe ser estratégica?

Escogemos todo: la carrera que vamos a estudiar, tu novio, casarte o no, pero la maternidad sigue siendo algo que hacemos sin pensar ni planear. No nos cuestionamos ni platicamos con nuestro esposo sobre finanzas, sobre el cuidado de los hijos, sobre la educación de los hijos, ni tampoco sobre qué pasaría si el Plan A que todas tenemos, no funciona. ¿Qué pasa si pierde su trabajo? ¿Qué pasa si hay un divorcio? ¿Cómo podemos como mujeres protegernos y tener un Plan B? La cantidad de riesgo y descontento entre las madres es alarmante y mucho tiene que ver con la falta de planeación y la falta de estrategias para poder tener la maternidad que TODAS merecemos.

En esta plática saldrás con herramientas que te ayudarán desde poder comunicarte amorosa y asertivamente con tu pareja hasta saber cuales son tus prioridades y metas reales y cómo lograr un balance. No hay un solo camino, pero todas podemos llegar a un lugar donde nos sintamos seguras, satisfechas y en paz.

Sabemos que educar a nuestros hijos es todo un reto, por eso Mother´s Day es un evento en donde más de 35 especialistas te darán las herramientas para que formules una estrategia efectiva para educar a tus hijos y que ellos crezcan sanos, responsables y felices.
Mother´s Day se llevará a cabo el Sábado 4 de Mayo de 2019 en el Hotel Westin Santa Fé de la ciudad de México de 9:00 a 18:30 horas.
Están invitados papás, mamás, abuelitos, maestros y todos aquellos interesados en su bienestar personal y en aprender las herramientas más actuales sobre paternidad consciente.
Compra aquí tus boletos, el cupo es limitado.

¡INSCRÍBETE!

COMPRA AQUÍ

La deshumanización de la infancia

Si nos sentáramos a observar cómo funciona actualmente la sociedad con respecto a los niños, nos daríamos cuenta rápidamente que pareciera que estos deben pedir permiso constantemente para comportarse como seres humanos: para llorar, para equivocarse, para ir al baño, para tener un mal día, para estar asustados, para sentirse escuchados. Con frecuencia oiríamos frases como: “Si eso no es nada, no llores“, “cálmate primero y entonces…“, “¡si eso no da miedo!”, “¡porque lo digo yo y punto!“, “¡no me contestes!“, “dale un beso a la abuela o…“, “¡acábate eso ya!” traduciéndose en una serie de órdenes, de falta de conexión y de castigos varios por ser simplemente niños. Y no dejo de preguntarme, ¿por qué está socialmente aceptado en pleno siglo XXI que los niños no puedan opinar, sentir y expresar aquello que les concierne personalmente?

Los niños no deben ganarse su “humanidad”, no son humanos en formación. Son seres humanos como tú y como yo, ahora, en este mismo momento. Sin embargo, parece que la sociedad los esté adoctrinando para que, llegado el momento y no ahora, sean respetados por ser personas. Hasta entonces, se ha normalizado el tratarlos como seres inferiores con la excusa de que los estamos “educando”.

Como seres humanos que somos, no nos gusta sentirnos controladas. Y es que a los niños tampoco. La maternidad no tiene que ser una lucha entre nuestros hijos y nosotras, entre muchas otras cosas porque si pasamos el tiempo batallando con la “humanidad” de nuestros hijos, nunca disfrutaremos de esta etapa. Como en cualquier otra relación, si asentamos una base de respeto y empatía hacia la otra persona, todo será mucho más fácil y llevadero. Los niños no deben ser controlados, forzados ni castigados para aprender, sino que deben aprender con sus propias vivencias a gestionar sus emociones, conflictos o dificultades y, nosotras, somos el espejo en el que se verán reflejados. Por eso, moldear los valores que queremos ver en nuestros hijos es una de las cosas más valiosas que podemos hacer por ellos.

Entiendo que la maternidad en ocasiones puede ser complicada y que quizás nuestros niños a veces se comporten de manera que no nos guste. Y eso está bien, no debemos culparnos por rechazar su comportamiento y por supuesto que podemos desaprobar la reacción que han tenido en un determinado momento, pero los sentimientos que han influido sobre su comportamiento sí son aceptables y válidos, y es importante no menospreciarlos ni hacerles ver que no eran para tanto. Recordemos que somos responsables de la reacción que tengamos con ellos y que podemos elegir entre la compasión y la empatía, o la culpa, el castigo y la amenaza. La respuesta siempre será la compasión,  pues aunque no estemos de acuerdo con su reacción, no existirá jamás un momento en el que el niño no merezca nuestro respeto.

Todo lo que necesitamos es un cambio de perspectiva y reconocer que existen otras maneras de educar a nuestros pequeños y creo profundamente que la única solución para que esto cambie es dar voz a nuestros pequeños y hablar de este tema con naturalidad, sin miedo a lo que puedan pensar los demás. Luchemos por los niños, por nuestro futuro, por el suyo y por criar adultos emocionalmente sanos y respetuosos. Rompamos ya con los mitos y el estigma que rodean al hecho de tratar a los niños con respeto y en un futuro no muy lejano, podamos disfrutar todas de una maternidad y una relación con nuestros hijos basada en su humanidad e igualdad, y en el respeto y la compasión.

Por Davinia Velasco

Matrescencia, el nacimiento de una mamá

El embarazo y la maternidad son siempre una gran alegría para la recién estrenada mamá, pero también es una realidad que la mayoría de mujeres llegan a experimentar sentimientos de culpa, decepción, frustración e incluso miedo ante esta nueva etapa. Pareciera que estamos atravesando una segunda adolescencia, y no es casualidad que estas etapas sean muy similares, pues ambas son fases de la vida en las que la transformación del cuerpo y el cambio hormonal conducen a un trastorno en la manera en la que una persona siente emocionalmente y en cómo encaja en el mundo. Así, convertirse en madre es casi un cambio de identidad y uno de los cambios físicos, mentales y emocionales más importantesque podemos experimentar en nuestra vida.

En 1973, la antropóloga Dana Raphael, en su trabajo sobre la transición a la maternidad, nombró ‘matrescencia’ a esta etapa. A día de hoy, el proceso de convertirse en madre todavía no ha sido muy estudiado por parte de la comunidad médica, que se ha centrado más en investigar el desarrollo del bebé. Sin embargo, es importante validar, estudiar y dar a conocer también la historia de la mujer, además de cómo nuestra psicología afecta a la crianza de nuestros hijos.

La matrescencia es profunda, pero también muy difícil. Y eso es lo que lo hace humana. Es muy complicado relajarse cuando eres responsable de una criatura tan cambiante y vulnerable, y tu cuerpo y tus hormonas están en constante cambio. Es normal sentir ambivalencia en el proceso cuando tenemos tan poco tiempo y energía para cuidar de nosotras mismas, pues aún seguimos siendo un ser humano, y nuestro cerebro y nuestro cuerpo continúan enviándonos señales habituales para que nos cuidemos: dormir, comer o ir al baño (sin mencionar hacer ejercicio, socializar, tener relaciones sexuales, disfrutar de nuestra vida profesional, espiritual e intelectual y nutrir nuestras relaciones). Es por eso que una gran mayoría de mamás se encuentran en una situación difícil, en una batalla emocional, mientras intentan descubrir cómo cuidar de sí mismas y de las necesidades de su bebé al mismo tiempo. Pero si entendemos mejor nuestras emociones, podemos tener más control sobre nuestros comportamientos. Así, incluso si estamos permanentemente centradas en el bebé, comprender la psicología de la mujer durante el embarazo y el posparto, puede ayudar a promover una crianza más saludable, ya que las madres con mayor conciencia de su propia psicología pueden ser más empáticas con las emociones de sus hijos.

Conocer los desafíos de la matrescencia normalizará y validará cómo se sentirán las nuevas madres, por ello es importante tener en cuenta:

  • El nacimiento de un bebé es también el nacimiento de una familia. Con su llegada aumentan las responsabilidades y las tareas de ambos miembros de la pareja, cosa que puede generar tensiones y desacuerdos en la relación familiar.
  • La ambivalencia, ese sentimiento que surge como consecuencia del acto entre dar y recibir. La maternidad no es una excepción y si bien una mamá no quiere separarse de su bebé, a su vez siente que necesita espacio y tiempo para ella misma, sus necesidades y su recuperación tras el parto. Esta ambivalencia no es fácil, y mucho menos cuando aún no se ha normalizado y sigue siendo un tema tabú del que nadie habla. Por eso es importante aprender a tolerarla e incluso a sentirse cómoda con ella.
  • Las expectativas. Para cuando llega el bebé, una mujer ya ha creado durante su embarazo una historia ficticia sobre su bebé basándose en las experiencias de otras madres y sobre todo de los medios de comunicación: bebés que duermen plácidamente en sus cunitas, mamás arregladas y con la casa recogida y limpia… Así, la futura mamá se involucra emocionalmente y de tal manera con esta historia, que después la realidad provoca una gran decepción si ésta no tiene nada que ver con lo esperado.
  • Los sentimientos de culpa y vergüenza que surgen cuando tenemos en la mente a la mamá ideal, aquella que siempre está alegre y feliz y antepone las necesidades de su bebé a las suyas. Intentar estar a la altura de esa madre es imposible, porque se trata de una fantasía, resultado de compararse con un estándar irreal e inalcanzable.

Aún son muchas las mujeres que se culpan o sienten vergüenza al hablar abiertamente sobre sus experiencias en esta etapa por temor a ser juzgadas. Y este tipo de aislamiento social puede incluso desencadenar la depresión posparto. La mujer se siente perdida entre la mujer que era antes de la maternidad y la que es ahora, creyendo que no debería sentirse así cuando en realidad esta incomodidad es absolutamente normal. Aún recuerdo cuando una buena amiga me dijo: “Cuando tuve a mi hija, me dio la sensación de que la vida de los demás, incluida la de mi marido, seguía siendo la misma, menos la mía”. Y es que como dice Rajneesh: “El momento en el que nace un bebé, también lo hace una madre. Nunca antes había existido. Ser madre es algo completamente nuevo”. El hecho es que todo cambia. No existe el ‘volver a’, porque ahora todo es diferente para la recién estrenada mamá. Cuerpo, mente, corazón y alma… nunca más serán los mismos. 

Alcemos la voz, creemos tribu, hablemos más de ello en las clases de preparación al parto, en los grupos de lactancia, con nuestras parejas y familiares. Esto ayudará a las nuevas mamás y a quienes las rodean a reconocer que, si bien la depresión posparto es una manifestación extrema de la transición a la maternidad, incluso aquellas que no la padecen, podrían estar experimentando una transformación parecida, completamente normal. Conocer las causas de la angustia y sentirse cómoda al hablar de ellas con otras personas es fundamental para adaptarse a esta nueva etapa de la vida.

Por Davinia Velasco

Maternidad empoderada: haz caso a tu voz interior

Si hay algo que no falta cuando nos convertimos en madres son consejos sobre cómo criar a nuestros hijos: familiares, amigos, vecinos e incluso desconocidos suelen sentirse libres para darnos su opinión, ¡muchas veces incluso cuando ni siquiera tienen hijos! Sin embargo, en The Loving Mamma abogamos por una maternidad empoderada y respetuosa y por ello queremos darte solamente uno: haz siempre lo que os funcione a ti y a tu hijo, pues tus decisiones definirán la forma de criarlo y marcarán su forma de ser así como su modo de ver la vida.

Y es que es muy fácil compartir nuestros consejos y logros con nuestras amigas mamás, ya que definitivamente esta es una buena manera de aprender diferentes técnicas y el tener una tribu en la cual apoyarnos es un gran beneficio. Pero al final del día, cuando ya estamos en casa, una misma sabe mejor que nadie lo que es mejor para nuestros pequeños.

Toda maternidad es distinta, así como cada niño es único. Aún y así, solemos pensar en lo que podríamos haber hecho mejor basándonos en lo que nuestros familiares, amigos o vecinos nos recomiendan. Cada niño, madre y familia tiene sus propios matices y nunca existirá una estrategia específica que funcione para todos. Incluso con el paso del tiempo, llegamos a cambiar de opinión muchísimas veces sobre un mismo tema. ¿Por qué? Porque evolucionamos, crecemos y aprendemos a medida que nuestros hijos crecen. Y es durante ese tiempo cuando dejamos ir algunas ideas para acogernos a otras. Cambiamos a medida que cambian nuestros hijos.

Es posible que nuestras madres o amigas nos aconsejen hacer esto o aquello, pero lo mejor que podemos hacer es agradecerles el consejo, tomar lo que nos resulte positivo y dejar ir el resto. No se trata de rechazar un consejo o de ignorar cierta información. Después de todo, la maternidad sería un viaje solitario sin los conocimientos y el aprendizaje de otras mamás, y aprendemos mucho más recopilando información y comparando. Pero lo que funciona para otras puede no funcionar para nosotras. Por eso, podemos recopilar información, contrastarla y decidir si nos beneficia.

En el momento en el que nos estresamos o nos preguntamos si lo estaremos haciendo bien, es mejor parar y escuchar nuestras propias necesidades. Recordemos que siempre nos hablan desde sus propias experiencias, por lo que compararse con ellas no resulta beneficioso ni para ti ni para tus hijos. Escuchar esa vocecita que hay dentro de nosotras nos beneficiará enormemente, pues esa es nuestra verdad. Y para tomar las mejores decisiones es importante: estar presentes en el aquí y el ahora, mantener una actitud positiva observando lo bueno de la situación y de nosotras mismas y ser fieles a nuestra intuición, a nuestra verdad, a nuestra voz interior.

Es fácil perderse cuando escuchamos un consejo que no siempre está alineado con lo que creemos. No permitas que nadie te haga sentir mal por las decisiones que tomas, especialmente si lo haces con el corazón. Haz lo que te funcione a ti. Al fin y al cabo, no existe la mamá perfecta, sino millones de maneras de ser la mejor.

Reconociendo nuestra maternidad

La maternidad consciente es un llamado para reconocer y nombrar los desafíos con los que nos enfrentamos a diario cuando intentamos estar presentes: reconocer nuestras propias frustraciones, inseguridades y defectos, incluso nuestros sentimientos más oscuros y destructivos así como las ocasiones en las que nuestros hijos nos hacen sentirnos abrumadas y desarmadas.

Realizar esta tarea de reconocimiento es un gran reto. Y es que, de algún modo u otro, somos producto y prisioneras de los eventos y circunstancias que se dieron en nuestra propia infancia. Puesto que esta moldea considerablemente la forma en la que nos vemos a nosotras mismas y al mundo, nuestras historias moldearán inevitablemente la visión que tengamos sobre nuestros hijos y ‘lo que merecen’, es decir, cómo deberían ser cuidados y educados.

Como madres, tendemos a mantener muy arraigada esta visión de la maternidad, sea la que sea, y de manera inconsciente, como si nos encontráramos bajo un hechizo. Pero solo cuando somos conscientes de una nueva manera de pensar, podemos recurrir a lo que fue de ayuda y positivo en ese entonces, y crecer más allá de esos aspectos que quizás llegaron a ser destructivos y limitantes.

Una parte importante del proceso es vernos a nosotras mismas con amabilidad y compasión. Esto incluye ver y aceptar nuestras limitaciones, nuestros apegos y nuestros fallos, y trabajar con ellos lo mejor que podamos. Siempre podemos empezar de cero, en este mismo instante, incluso en los momentos de mayor desespero. Cada momento es un nuevo comienzo, una nueva oportunidad para sintonizar, abrirse, ver, sentir y conocernos de nuevo y de manera más profunda a nosotras mismas y a nuestros hijos.

El amor por nuestros hijos se expresa en la forma en que nos pasamos el pan en la mesa, en darnos los “buenos días”, en la comprensión que ofrecemos o en los momentos que pasamos a diario con ellos, y no solo con ese viaje a Disneyland París. El amor se expresa dando amor con nuestras acciones. Así que tanto si estamos pasando por un mal momento o por los mejores, en un día concreto o un momento concreto, la calidad de nuestra presencia será determinante para demostrar el amor por nuestros hijos y por nosotras.

La maternidad es  una responsabilidad divina: las mamás somos protectoras, educadoras, guías, compañeras y fuentes de amor y aceptación incondicional. Y si somos capaces de mantener esto en mente y llegar a un grado de conciencia plena durante los años que criemos a nuestros pequeños, nuestras elecciones como madres serán mucho más acertadas y lo más probable es que no solo hagamos lo que es mejor para nuestros hijos sino que también podremos desvelar y conocer, quizás por primera vez, lo mejor y lo más profundo de nosotras mismas.

Por Davinia Velasco

Cómo ayudar cuando nace un nuevo bebé

Los días y las semanas siguientes a la llegada de un bebé pueden ser algo abrumadores tanto si eres mamá primeriza como si ya tienes hijos: querer tenerlo todo en orden como antes, cuidar de la familia o sobrellevar los altibajos de las hormonas del posparto no es tarea fácil. Y si bien las visitas siempre traen las mejores intenciones, muchas veces no nos proporcionan la ayuda que realmente se necesita.

Por si fuera poco, parece que hoy en día no se valora el tiempo y el espacio que una mamá necesita para descansar y recuperarse del parto. En mi caso lo dejé claro mucho antes. Las constantes quejas de amigas que habían sido madres sobre las visitas inesperadas justo cuando el bebé se acababa de dormir me hicieron adelantarme a las circunstancias: “nada de visitas los primeros días”. Y aunque me esperaba algún que otro enfado por parte de familiares y amigos, finalmente me sorprendió la comprensión con la que aceptaron mi decisión. Sinceramente, esto me facilitó sobremanera el descanso y me ayudó a conectar mucho más con mi bebé durante las primeras semanas.

Cuando traemos al mundo a un bebé, realmente necesitamos y merecemos toda la ayuda posible. Si las visitas se dan para brindar ayuda y apoyo en los días y semanas posteriores al nacimiento de un nuevo bebé, ayudaremos a que la mamá se sienta amada y cuidada, y quizás evitemos los sentimientos de soledad e incluso la depresión postparto.

¿Y cómo podemos colaborar? Si alguna amiga o familiar ha tenido un bebé recientemente y quieres visitarla pero no estás segura de cuál es la mejor manera de ayudar, estas simples pero importantes sugerencias le permitirán tener el tiempo y el espacio que necesita para descansar y recuperarse.

Llévale la comida de todo un día

Esta es la ayuda más común y definitivamente es super necesaria y muy valorada. No tener que preocuparnos por el almuerzo o la cena nos quita un gran peso de encima. Cualquier comida que no se tenga que preparar o cocinar seguro que nos sabe especialmente bien, sobre todo si después de comer no nos espera una cocina llena de trastos por fregar. Una buena opción sería coordinarse con varias amigas para cocinar por varias semanas y prepararle el menú diario a la recién estrenada mamá.

Cuida de sus hijos mayores

Ofrecerse para cuidar a los niños mayores es una gran ayuda porque a menudo la parte más abrumadora de tener un bebé es combinar las necesidades de los niños mayores con las del recién nacido. Puedes invitar a los niños a tu casa o llevarlos al parque para darle un poco de tiempo a mamá. También puedes ofrecerte a cuidarlos en su casa mientras ella sale y hace recados con el bebé. Si optas por esta opción, sigue leyendo para ver cómo puedes ayudar mientras estás ahí.

Ayúdale con las tareas del hogar

Para algunas personas, esto puede ser algo incómodo, pues nos da un poco de apuro. Pero tratar de cuidar de un bebé o varios niños a la vez en medio de una casa desordenada o sucia es algo estresante y agobiante. Por eso, estaría bien ayudarle con la limpieza de la casa haciéndole saber que no nos importa el estado en el que se encuentra (todas nuestras casas están desordenadas y fuera de control a veces, ¿no? ). Lavar los platos, limpiar la cocina, aspirar el suelo, quitar el polvo, poner una lavadora u ordenar los juguetes son tareas que podemos hacer y que se van a valorar muchísimo.

Hazle la compra 

Si vamos a comprar o a hacer recados, podemos preguntarle si quiere que compremos algunas cosas para ella. Te aseguro que apreciará no tener que preocuparse por salir a comprar con sus hijos.

No presumas de tu propia experiencia

O de la de tu hermana, tu mejor amiga o cualquier otra madre que conozcas. No es momento para ponerse a contar la fantástica historia sobre cómo tu bebé dormía como un ángel desde que nació o que nunca lloró. ¿Ves las ojeras que tiene, su pelo sucio y su cansancio? Esta mujer no quiere escuchar nada de eso.

Escúchale

Pregúntale cómo está. Es posible que no tenga ni idea de si lo está haciendo bien o mal, puede que tenga depresión posparto, que no se sienta vinculada a su bebé como cree que debería, etc. No supongas que está completamente feliz.y deja que hable todo lo que quiera

Tu amiga estará muy agradecida de saber que te importa. Apreciará el hecho de que le recuerdes que todavía es un ser humano, no solo una madre.

Por Davinia Velasco

El vínculo primario

De repente, se paró el mundo. Había imaginado ese momento millones de veces, día y noche: su carita, su nariz, su pelo, sus manos, sus pies… Por fin estaba en mis brazos y seguíamos unidas, piel con piel, respirando el dulce aroma de la maternidad, latiendo al unísono.
Ese vínculo primario que se había creado desde el momento de la gestación, se vio engrandecido en cuanto la tuve en mis brazos. Nos enamoramos al instante. Y empezamos una relación de amor puro que se iría acrecentando durante la lactancia y seguirá haciéndolo durante los cuidados posteriores en los primeros años de su vida.

Algunas mujeres creamos este vínculo desde que nos sabemos embarazadas, escuchamos por primera vez el corazoncito de nuestro bebé o sentimos su primera patadita. Otras, sin embargo, sentimos este vínculo después del nacimiento.
Sea como fuere, esta unión entre la mamá y el bebé juega un papel primordial en la vida del niño, puesto que:

  • Es la fuente de donde emanarán después todas las relaciones que establecerá en el futuro con él mismo y con los demás.
  • Le proporcionará seguridad y una gran autoestima, ya que un niño que establece un fuerte vínculo con su mamá tendrá mucha más confianza en sí mismo.

 

¿Por qué es tan importante establecer este vínculo?

Si bien es cierto que existen situaciones en las que este momento no se puede llevar a cabo, a día de hoy se ha normalizado que un bebé sano sea pesado, medido, lavado y vestido antes de estar con su mamá, sin cuestionar siquiera las consecuencias físicas y emocionales que conllevan tanto para la mamá como para el bebé.

Durante y después de que demos a luz, tienen lugar muchos cambios maravillosos. El trabajo de parto genera cambios en la química de nuestro cerebro aumentando la necesidad de cuidar al bebé. Los bebés nacen muy despiertos y en estado de alerta para poder reconocernos, y es ese estado hormonal de ambos tras el parto el que facilita el enamoramiento madre-hijo, crucial por lo tanto para el establecimiento del vínculo e instaurar la lactancia materna.

El contacto piel con piel con el bebé y la succión del pecho descargan también una serie de hormonas que son la base de la intuición maternal. Estas hormonas, además, permitirán que el útero se contraiga, se encoja y deje de sangrar. Permitir que disfrutemos juntos de la primera toma y de la experiencia de la piel con piel antes que nada, facilitará la transición del útero al mundo exterior. Ello estabilizará el ritmo cardíaco del bebé, su temperatura corporal y su respiración. El bebé ha pasado muchos meses arropado en la seguridad y el calor de la matriz, escuchando el sonido de nuestra voz, nuestros latidos y nuestra respiración.

Es imprescindible por lo tanto, promover que el bebé permanezca con nosotras desde el primer minuto tras el parto para minimizar estos cambios. Esa primera hora es perfecta para recuperarse del parto, para lograr una lactancia exitosa y sobre todo, ¡para conectar, conectar y conectar!.

Pasar esa hora juntos nos permite entender que todo está bien. Se despierta la mamá que hay en nosotras, vincula al bebé con su cuidador principal y sienta las bases para las siguientes horas, días y años. El papá también puede participar colocando sus manos sobre el bebé, hablándole suavemente y acunándolo después de que se haya instaurado la primera toma.

Cómo fomentar el vínculo

Tómate tu tiempo, relájate. El vínculo primario es un proceso que se irá sucediendo gradualmente a medida que cuidamos de nuestro bebé día a día:

  • Respondiendo sensiblemente a su llamada
  • Cogiéndolo en brazos y acunándolo
  • Hablándole
  • Interactuando con él
  • Jugando con él
  • Alimentándolo a demanda

Tu bebé confía en ti cuando respondes a sus llantos y a sus momentos de felicidad. Sabe que estás ahí en cualquier momento. Esto le ayudará a prosperar.
Promoviendo un contacto profundo y fluido entre la mamá, el papá y el bebé, estaremos facilitando un saludable desarrollo integral del niño, su familia y su entorno.

Por Davinia Velasco

Maternidad y mindfulness

La conciencia plena o mindfulness es una capacidad natural que todas tenemos para ser conscientes de lo que sucede en el momento presente. Puede que parezca algo simple, pero con el ajetreo y la velocidad de la vida moderna, no siempre somos conscientes del aquí y del ahora, ya que la lista de cosas por hacer absorbe gran parte de nuestros pensamientos. Por si fuera poco, tendemos a estresarnos y a sentirnos provocadas por nuestros hijos, reaccionando de manera inadecuada, en vez de responder de una manera más considerada tanto hacia ellos como hacia nosotras mismas.

Es posible que, una vez iniciada la práctica de la atención plena, nos encontremos parando muchas veces para recordar lo que esta significa, puesto que solemos perder el hilo y la dirección de nuestra vida fácilmente. Pero incluso en nuestros peores momentos como madres, siempre es posible dar un paso atrás y empezar de nuevo preguntándonos: ¿qué es lo más importante en este momento? El mindfulness en la maternidad consiste en recordar lo que es realmente importante a medida que se van sucediendo las actividades diarias con nuestros hijos.

La buena noticia es que podemos entrenarnos para disminuir el ritmo, para pausar más y para cederle más espacio al ‘ser’ y no al ‘hacer’. Para ello es importante tomarnos unos minutos cada día para la práctica, dedicando tiempo a nutrirnos mientras descansamos nuestra atención sobre algo tan simple como la respiración y el cuerpo.

Se trata de ver si podemos recordar cómo traer este tipo de atención y sabiduría a los momentos con nuestros hijos. Es una verdadera práctica y comporta profundos beneficios tanto para nosotras, como para ellos. Para aprender de nuestros hijos debemos prestar atención y aprender a sentir la quietud dentro de nosotras. En la calma, somos más capaces de ver la reacción que solemos tener cuando no estamos presentes para así cultivar la claridad y el conocimiento.

La conciencia plena puede ayudarnos a ser más conscientes de nuestras emociones y a evitar que se desencadenen reacciones automáticas. Poco a poco descubrimos cómo sentir y prestar atención a las sensaciones del cuerpo asociadas con nuestro estrés, rabia o irritabilidad, evitando así tener que gritarle a nuestros hijos. En el momento de nuestra práctica de mindfulness, descubrimos que cuando surgen la ira y la irritabilidad, podemos permitirnos sentirlas como una parte natural del ser humano, sin juzgar. Esta práctica nos ayuda a responder con más calma cuando nuestros hijos toquetean nuestros botones de la paciencia a lo largo del día.

Cuando somos conscientes de las necesidades de nuestros hijos y de las nuestras, tanto físicas como emocionales, todos nos beneficiamos. Incorporar este tipo de sensibilidad realzará nuestra conexión con ellos. Mediante la calidad de nuestra presencia, nuestro compromiso con ellos se sentirá incluso en las situaciones más difíciles.

Animemos a nuestros hijos a cultivar también la idea del mindfulness utilizando juegos sencillos como la conexión con sus sentidos. En vez de engullir un trozo de chocolate o una pieza de fruta, invitémoslos a que sientan el olor, la textura y el sabor. Otra opción es pasar un par de minutos al aire libre escuchando, invitándolos a prestar atención a los sonidos que oigan. Dar un paseo conscientes de todo lo que nos rodea, poniendo especial atención a las cosas que son interesantes o que no suelen llamar la atención es otra idea estupenda. Los niños pequeños son conscientes por naturaleza y observan el mundo que les rodea con gran curiosidad, fascinados por una hoja o una piedra que se encuentren en el camino. Nosotras somos las que les pedimos con frecuencia que se den prisa, enseñándoles que la vida no es más que llegar al siguiente lugar. Por lo que mientras más redescubramos cómo aplicar la atención plena, más apreciaremos y nutriremos la capacidad innata de nuestros hijos de estar presentes en cada momento.

Al incluir esta práctica en nuestra rutina diaria, observaremos que podemos afrontar las experiencias del día a día como el caminar al colegio, cocinar o jugar con nuestros hijos de una manera más consciente. No es una solución inmediata, pero si ponemos un poco de energía y tiempo en explorar esta estrategia, puede resultar muy transformadora, ayudando a que nuestra vida sea mucho más placentera.

Por Davinia Velasco